La ilusión de la simplicidad en el mercado eléctrico

La ilusión de la simplicidad en el mercado eléctrico

Destacamos columna de Abril Acuña, coordinadora de Gestión y Optimización de Energía en EVOL publicada este 9 de septiembre en Electroindustria.

Para muchos clientes libres, entender su factura eléctrica sigue siendo un desafío. No porque sea imposible, sino porque el sistema navega entre múltiples actores, cargos y tiempos. Por eso, cada vez que se anuncia una medida para simplificar este proceso, la reacción natural es positiva. Sin embargo, simplificar no siempre significa mejorar.

Hace algunos años, cambios regulatorios introducidos bajo el Decreto Supremo N°4T de 2018 redefinieron el rol del suministrador en la cadena de pagos. Se estableció que este actor debía asumir el pago de los peajes de distribución, lo que derivó en la consolidación de cargos en una única factura hacia el cliente libre. La promesa era clara, menos complejidad, mayor comprensión. Pero la experiencia ha mostrado otra cosa. El problema original no era estructural, sino de acompañamiento. La simplificación puede terminar subestimando su capacidad. Más todavía cuando no elimina la complejidad, simplemente la desplaza.

Los ciclos de facturación de suministro y distribución no siempre coinciden, generando más de una factura en el mismo período, lo que traslada el problema inicial, genera pérdida de trazabilidad, reduce la visibilidad sobre los componentes del costo, y limita la capacidad de control.

Desde una mirada regulatoria, nacen las preguntas. ¿Se está simplificando la experiencia o reduciendo la capacidad de comprensión y acción del cliente? ¿esta medida fortalece su posición en un mercado donde convive con un monopolio natural?

En la práctica, los efectos no han sido neutros. Se han introducido desfases monetarios que obligan a financiar costos adicionales. Esto repercute en la
estructura económica del sistema, ya sea en precios, condiciones contractuales o exigencias de capital de trabajo, generando nuevas complejidades.

Más aún, el cliente deja de interactuar directamente con la distribuidora y pasa a depender del suministrador como intermediario. Generando incentivos
desalineados entre las partes, perdiendo la capacidad de gestión, negociación y defensa.

El debate de fondo no es solo operativo, es estructural. Cuando el diseño regulatorio no reconoce adecuadamente los roles, se debilita la posición del
cliente. El desafío no es ocultar la complejidad, sino hacerla comprensible. Empoderar no es simplificar a cualquier costo, es entregar herramientas para
entender, decidir y actuar dentro del sistema.

Fuente: https://electromineria.cl/